Crónica incompleta – 9 de septiembre de 2007

Nunca he sido bueno para madrugar. En cambio, siempre he sido excelente para desvelarme. En la víspera de las Elecciones Generales, me pareció más prudente quedarme despierto hasta las 4 de la madrugada que intentar conciliar el sueño a la medianoche y arriesgarme a quedarme dormido hasta las 11 de la mañana. Tomé esta decisión…