¿Qué haces cuando tienes que producir un cortometraje en 120 horas? ¿Qué pasa cuando la compañía te manda a un seminario de meditación al que no quieres asistir?
«El latir de las estrellas» es el título del cortometraje con el que participamos este año en el festival Aguacatón de Oro, organizado por Casa del Río en Antigua Guatemala. Después de no participar desde el 2017 en el Festival y tras haber ganado un segundo lugar en el 2016, decidí aliarme con mi viejo amigo Cristian Galicia, nuestra colega Ligia López y mi esposa Dani Bruns para inscribirnos este año. El equipo también contó con el joven talento actoral de la antigüeña Noemy Andrino y otra colega, Diana Solís.
La dinámica del festival es simple:
- Cada grupo propone un título para un cortometraje.
- Cada grupo recibe un título propuesto por otro grupo. Este título se convierte en el tema del cortometraje que deben realizar.
- Los participantes tienen 120 horas para concebir, rodar y editar su cortometraje basado en el título asignado.





Con algunos títulos estrafalarios como «No hay garífunas en San Francisco El Alto» o «Pata de Burro en bajada» y algunos otros más convencionales y vagos, la décima edición del Aguacatón arrancó el sábado 11 de noviembre de 2023. Los cortometrajes debían entregarse el jueves a las 3:00 de la tarde para entrar en la competición. El viernes 17 se llevó a cabo la proyección de las obras y la premiación en el Centro de Formación de la Cooperación Española en La Antigua.
La decisión de algunos equipos de cine de abordar temáticas divergentes a las implícitas en los títulos es una muestra de la diversidad de puntos de vista de los equipos participantes. Las y los cineastas guatemaltecos no son una masa homogénea, sino todo lo contrario. «Variado» es una palabra clave para describir al Aguacatón. El evento destaca por su diversidad, tanto en términos de contextos culturales como en las habilidades técnicas de sus participantes.
No debería entrar en detalles sobre la competencia, pero estoy emocionado de compartir que, gracias al trabajo en equipo, logramos ganar el segundo lugar y hacernos con una bonita estatua de Florencio Godoy, la segunda en mi estantería.



La experiencia de participar y ganar el segundo lugar no solo nos brindó un reconocimiento tangible, sino que también nos dejó la satisfacción de haber compartido una historia en nuestro propio estilo. A decir verdad, uno de los momentos más gratificantes fue escuchar las risas del público durante la proyección. Este Festival no solo es una competición cinematográfica, sino una celebración de la creatividad, la diversidad y la identidad. El Aguacatón es un recordatorio de la riqueza que reside en la variedad de perspectivas y en el ahínco de la gente de expresarse a pesar de la adversidad.
