“Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver”

Casi 100 años después de la muerte del poeta Rubén Darío, su adagio adquiere nuevo significado. El “bono demográfico” se aproxima y Guatemala debe prepararse para no desperdiciar esta oportunidad única.

Varios países de América Latina, incluida Guatemala, tendrá en un futuro cercano un  cambio en la estructura demográfica del país ocasionado por diferentes factores como las tasas de natalidad y mortalidad. En esta nueva estructura, el número de personas que están en edad de trabajar se vuelve significativamente mayor que el número de personas dependientes. Es decir, hay una mayor proporción de población con capacidad para trabajar, producir, ahorrar e invertir. Estas condiciones pueden generar beneficios de larga duración: es un “bono demográfico”.

La población latinoamericana ha tenido un crecimiento vegetativo positivo hasta la fecha: los nacimientos superan en número a las muertes y, cada año, esta diferencia es mayor. El crecimiento poblacional es positivo y lineal, y posiblemente perdure así en los siguientes años. Las tasas brutas de natalidad y mortalidad (hijos por cada 1000 habitantes) han descendido significativamente entre 1950 y 2010.

Entre las causas de esta tendencia hay factores económicos como el incremento en el nivel de vida o el acceso a empleo, y tecnológicos, como el acceso a anticonceptivos.  Además cambios de valores varios han influido en la conformación de familias y sus decisiones de tener hijos.

La transición se lleva a cabo en tres momentos diferenciados:

Régimen
pretransicional
Transición
demográfica
Nuevo régimen
demográfico

Tasa de mortalidad muy elevada.

Tasa de natalidad muy elevada.

Crecimiento vegetativo casi nulo.

Grandes variaciones en la mortalidad.

Disminuyen las muertes.
Se acelera el crecimiento demográfico.
La natalidad empieza a disminuir.

Las tasas de natalidad y mortalidad se equilibran en niveles bajos.

El crecimiento es constante, con un saldo vegetativo cerca del cero.

Régimen de remplazo poblacional.

Se divide en dos fases:
La mortalidad disminuye.
Crecimiento demográfico acelerado.
El crecimiento poblacional se desacelera.

Fuente: Rosa Mariana De León-Escribano

Las críticas a la teoría y sus reformulaciones son múltiples, así como innumerables los casos que la cumplen” explica Rosa Mariana De León-Escribano, de la Universidad Complutense de Madrid, quien asume ésta como una generalidad histórica para situar a  Guatemala en la segunda etapa entre las dos fases.

El demógrafo e historiador español Antonio Cámara Hueso en una reciente visita a Guatemala –por invitación del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA)–, explicó el bono así:

En una pirámide de población vemos una franja muy amplia en las edades productivas, las edades en que en teoría hay un rango favorable entre lo que se produce y lo que se consume; el rango de población inactiva e improductiva está compuesto por niños y ancianos. El otro grupo lo forma una población de entre 20 y 65 años; los jóvenes, incluidos en este segmento poblacional, y que en el caso de Guatemala son la mayoría, constituyen una población que produce más de lo que consume.

Nota completa en sitio web de Segeplan
■Dependiente ■En edad para trabajar
Dependiente
En edad para trabajar

Al final de cuentas la transición demográfica está en proceso y el mencionado bono, es inminente. Por ello, invertir en la juventud se ha convertido en una necesidad latente. Como lo indican la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el UNFPA en su Informe Regional de la Población en América Latina y el Caribe 2011: “ el bono no dura para siempre, como tampoco dura eternamente la juventud, ni produce beneficios de manera automática”.

Durante la época del bono demográfico, la mano de obra de un país aumenta sustancialmente, por lo que incentivar la producción es crucial. Al caer la tasa de dependencia –o dicho de otra forma, al reducirse las personas que dependen para su supervivencia de las personas en edad potencialmente activa– el ahorro aumenta. “Es fundamental promover todos los cambios con una visión de sostenibilidad a largo plazo, cuando la población activa disminuya”, opina De León-Escribano. “La innovación, las mejoras en la calidad del trabajo y el aumento de la productividad son conceptos fundamentales y que deben acompañar todo el proceso demográfico”.

Algo más que una oportunidad perdida

Dejar pasar el bono demográfico, no sólo implica desaprovechar su potencial. La estructura poblacional se modificará pase lo que pase. Ahora bien, si el segmento mayoritario no tiene acceso al mercado laboral formal durante su etapa productiva, se prevé una crisis social que incluiría desestabilidad social (a causa de desempleo) y un colapso de la seguridad social.

La estructura por edades de la población seguirá transformándose: los adultos mayores de 60 años, quienes hoy representan una de cada diez personas en América Latina, serán para el 2050 una de cada cuatro personas. El bono es, por tanto, es un arma de doble filo.

Para Wendy Cuellar, las opciones son simples: “o invertimos en tácticas para incluir a la juventud como actores estratégicos del desarrollo, o seguiremos construyendo cárceles en vez de escuelas (…) O empezamos a pensar en la necesidad de tener una Guatemala joven más prospera, o nos convertiremos en campeones en índices de subdesarrollo y de Estados fallidos”. (Plaza Pública, 11 de agosto 2011).

En la presentación del libro «Invertir en juventud en América Latina y el Caribe 2011», Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), afirmó: “la juventud es el eslabón entre el presente y el futuro, la expresión de la solidaridad intergeneracional: son las nuevas generaciones las que tendrán que enfrentar los desafíos que hoy la CEPAL plantea con mayor énfasis en la senda del cambio estructural con igualdad y sostenibilidad ambiental”. Para Bárcena, los y las jóvenes aportarán con renovadas capacidades para emprender nuevas  formas de producir, trabajar y comunicarse que se podrán traducir en un crecimiento en la productividad con inclusión social.

Los y las jóvenes pueden saldar la brecha crítica que hoy enfrentamos en América Latina en términos de rezago en conocimientos y sobre todo en el uso de talentos para recrear nuestra matriz productiva, ampliar oportunidades de empleo y enriquecer nuestras democracias

Alicia Bárcena, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

La juventud de hoy, en general, está más acostumbrada al uso de la tecnología en su vida cotidiana, especialmente en los ámbitos de la comunicación, la información y el aprendizaje. Esto conlleva un gran potencial para que la revolución tecnológica apuntale un crecimiento armónico, con sostenibilidad ambiental, en el que a través de la virtualización se ahorren materiales y energía.

El cambio tecnológico puede asumir una orientación donde los aumentos de productividad armonicen con las prioridades ambientales”, según Bárcena. “Y son, precisamente, las nuevas generaciones de jóvenes quienes muestran mayor preocupación por las amenazas ambientales y climáticas, se movilizan en temas clave como la matriz energética o el agotamiento de recursos naturales, e incluso se conectan en redes en torno a estos temas que rebasan las fronteras nacionales”.

El reto es entonces, empoderar a la nueva generación que hereda grandes desafíos económicos, culturales y ambientales. “En el marco de los ODM, las y los jóvenes fueron prácticamente ignorados y esto no puede volver a ocurrir, de ninguna manera, con los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible)”, advierte Alejo Ramírez, secretario general de la Organización Iberoamericana de Juventud en el prólogo del libro «Invertir para transformar». “Las y los jóvenes son, ante todo, sujetos de derecho y actores estratégicos del desarrollo, y como tales deben ser reconocidos en el marco de los ODS y en todos y cada uno de nuestros Planes Nacionales de Desarrollo”.

El bono, regalo de la juventud, no se va todavía. Pero cuando se vaya, se irá para no volver. Aún hay tiempo para rectificar el camino y aprovechar la oportunidad en Guatemala, con políticas nacionales de desarrollo que desde ya inviertan en educación, formación, empleo y salud de los y las jóvenes.

Foto de portada: niños de la escuela de El Renacimiento, en Villa Nueva, Guatemala. Maria Fleischmann / World Bank vía Flickr

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