Blues gallego en conserva

―¿Dónde hacen vida? ¿En O Vicedo o en Viveiro? ―nos preguntó la periodista.

Nos estaba haciendo una entrevista por nuestro nuevo emprendimiento y, en algún momento de la conversación, el tema derivó hacia nuestra rutina. Al vivir en un punto intermedio entre dos poblaciones marineras, nos preguntó en cuál de ellas «hacíamos vida»…
La compra la hacemos en Viveiro y vamos a la playa en O Vicedo, pero, ¿cómo le explicábamos que, de salir, salir, no salimos demasiado?

Empeñados en cambiar esta situación, hemos estado más atentos a los eventos que ocurren a nuestro alrededor. Y la noche del 19 tocó visitar un lugar que teníamos pendiente: La Conservera, una antigua fábrica de conservas de pescado que ha sido reacondicionado en un recinto perfecto para este tipo de eventos. El concierto se organizó en asociación con la plataforma Oiches y el cartel prometía una buena velada de música en vivo, que me recordó a esos conciertos de blues rock que tanto me gustan en Antigua Guatemala.

A diferencia de Antigua, donde buena parte de la escena musical está formada por expatriados, aquella noche la oferta era enteramente gallega, concretamente de la provincia vecina de A Coruña: David L.H. and the Po’Boys, Bad Whiskey y Lunamotos.

David «Little Hands» fue el primero en subir al escenario, acompañado por sus Po’Boys, para ofrecer una demostración magistral de blues rural. Con la tabla de lavar marcando el ritmo, el trío interpretó canciones originales y algunos standards de blues. Aun con su estilo desenfadado, demostraron conocimiento y pasión por el género. Cerraron el concierto con una canción de Blind Boy Fuller, uno de esos grandes bluesmen de cuya tradición son herederos.

A continuación, los Bad Whiskey hicieron lo propio con su Voodoo Swamp Blues. Desde que el batería empezó a golpear frenéticamente su instrumento la energía se mantuvo a tope. Antonio, fundador y contrabajista de la banda, ha reunido a músicos de diferentes estilos que se entienden muy bien en el escenario.

Por último, Lunamotos. Pero en este punto tengo que confesar que, al no estar acostumbrados a hacer vida, decidimos dar por terminada la noche y volver a casa. Nos quedamos con ganas de escuchar más de ellos y esperamos volver a encontrarlos en otra ocasión, mientras seguimos descubriendo la escena musical gallega.

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